Ante la violencia que afecta al Magdalena, la Diócesis de Santa Marta propone una Vigilia de Oración en los hogares

La iniciativa podrá realizarse entre el 26 de septiembre y el 4 de octubre y busca unir a las familias en oración por la paz y la reconciliación, bajo el lema «Él es nuestra paz» (Ef 2,14).

La situación de violencia y las afectaciones al orden público que han vivido comunidades de Santa Marta y otros sectores del Magdalena han llevado a la Diócesis de Santa Marta a plantear una respuesta que, además de acompañar a las comunidades afectadas, busca fortalecer desde los hogares la oración, la reconciliación y el cuidado de la vida.

En este contexto, la Diócesis pone a disposición de las familias la Vigilia de Oración en Familia por la Paz y la Reconciliación, una propuesta pastoral que podrá realizarse a partir de este sábado 26 de septiembre y hasta el domingo 4 de octubre, con el propósito de que los hogares puedan unirse en oración por las distintas realidades que atraviesa el territorio.

La iniciativa, presentada por Monseñor José Mario Bacci Trespalacios, Obispo de Santa Marta, lleva como lema «Él es nuestra paz» (Ef 2,14) y propone que cada familia pueda convertir su hogar en un espacio de encuentro con Dios, escucha de la Palabra y reflexión sobre las situaciones que afectan a sus comunidades.

La Iglesia llama a proteger la vida y acompañar a las comunidades

El 22 de septiembre, la Diócesis hizo público un comunicado en el que expresó su preocupación por las afectaciones ocasionadas por las acciones de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada y llamó a respetar los principios de distinción y proporcionalidad, recordando que, las comunidades y las personas no pueden quedar en medio del conflicto ni ser utilizadas como escudos. También, pidió el cese inmediato de las medidas que estaban restringiendo la movilidad y el sustento de miles de familias.

En el mismo pronunciamiento, la Iglesia pidió a las autoridades del Estado desarrollar las acciones de control territorial con el máximo cuidado de la población civil y reiteró su disposición para acompañar mecanismos humanitarios orientados a proteger la vida y aliviar el sufrimiento de las comunidades de la Sierra. Dos días después, Monseñor José Mario Bacci volvió a referirse públicamente a la situación y afirmó que la prioridad debe ser la protección de la vida de las personas, las familias y las comunidades.

Igualmente, el Obispo manifestó la disposición de la Iglesia para acompañar iniciativas humanitarias que permitan proteger a la población civil y abrir caminos para superar la violencia. En sus declaraciones señaló que, además de las acciones encaminadas a recuperar el control territorial, es necesario avanzar en procesos de recuperación social e intervenciones humanitarias que permitan generar nuevas oportunidades para las comunidades.

En este marco, Monseñor Bacci insistió en el mensaje de una «paz desarmada y desarmante» y en la necesidad de avanzar hacia el diálogo, el encuentro y la búsqueda de alternativas que permitan superar las situaciones que están generando dolor en el territorio.

La disposición de la Iglesia para acompañar procesos humanitarios, no es presentada únicamente como una reacción a la coyuntura actual. El mensaje del Obispo plantea que, la Iglesia está llamada a acompañar iniciativas que contribuyan a encontrar una salida al conflicto y a transformar relaciones marcadas por la violencia en caminos de solidaridad, servicio y encuentro.

«Este templo empieza en cada hogar»

En la circular del 24 de septiembre, dirigida a sacerdotes, seminaristas, miembros de la vida consagrada, Equipos Parroquiales de Animación Misionera y familias, Monseñor Bacci reconoce las heridas que la violencia, las amenazas y la extorsión han dejado en diferentes sectores del territorio.

El documento señala que estas situaciones han afectado los campos, la Sierra Nevada, las riberas del río Magdalena y los barrios de las ciudades, y plantea que la reconstrucción social requiere también recuperar la relación con Dios, la reconciliación y la fraternidad.

Por eso, la circular presenta una imagen central para comprender el sentido de la propuesta: «Este templo empieza en cada hogar». La familia es presentada como Iglesia doméstica y como el primer espacio donde se puede comenzar a reconstruir la relación con Dios y con los demás.

La invitación es concreta: que cada hogar pueda encender una luz, abrir la Palabra de Dios y levantar la Cruz de la Paz, como signos de una familia que ora y que quiere contribuir a la construcción de paz.

Una Vigilia de Oración para vivir en familia

La propuesta preparada por la Diócesis está diseñada para que padres, madres, abuelos, jóvenes y niños puedan participar juntos en un momento de oración.

El subsidio sugierepreparar un pequeño altar familiar con una Biblia abierta y una vela o cirio. También contempla el signo de la Cruz de la Paz y unas siluetas de manos o palomas de papel, en las que cada integrante de la familia puede escribir o dibujar una palabra relacionada con la paz.

La celebración comienza con una monición en la que se reconoce la situación de zozobra y alteración del orden público que viven distintas comunidades, pero también se hace un llamado a dejar atrás el encierro en el temor y la apatía para convertirse en artesanos de esperanza y comunión.

Uno de los momentos centrales es la proclamación de la Palabra de Dios a partir de la Carta de San Pablo a los Efesios: «Él es nuestra paz» (Ef 2,14). A partir de este texto, la meditación propone reconocer a Cristo como fuente de reconciliación y reflexionar sobre los muros de desconfianza, odio, violencia e indiferencia que pueden afectar a las comunidades.

La reflexión también pone la mirada en las familias campesinas e indígenas de las zonas rurales, así como en las comunidades urbanas afectadas por la extorsión, la falta de oportunidades y otras expresiones de violencia.

«Derribando muros, construyendo paz»

La vigilia incluye un signo familiar denominado «Derribando muros, construyendo paz». Cada integrante de la familia puede escribir una palabra o intención de paz en una silueta de mano o paloma y acercarse a la Cruz de la Paz para presentarla ante Dios. Entre las intenciones sugeridas están la protección de los campesinos y los niños.

El subsidio también propone un espacio de diálogo familiar con preguntas dirigidas a niños, jóvenes y adultos, con el propósito de reflexionar sobre cómo cada persona puede contribuir a derribar los muros de la burla, el rechazo, la indiferencia y el miedo en sus propios entornos.

La oración universal incluye peticiones por los niños y jóvenes de Santa Marta, Ciénaga, Zona Bananera, Aracataca, Fundación y los pueblos del río; por las familias afectadas por el desplazamiento, las extorsiones, el desempleo y la violencia; por quienes tienen responsabilidades en materia de seguridad y justicia; y también por quienes siembran violencia y discordia.

Una oración por el Magdalena

La Vigilia concluye con una oración especial por el departamento del Magdalena en tiempos de confusión y violencia. En ella, las familias piden a Dios serenidad y confianza para construir un futuro en paz, así como fuerza para transformar el miedo, el odio y la venganza en solidaridad, perdón, justicia y fraternidad.

La oración también encomienda a las familias, los barrios, las veredas y las comunidades, pidiendo que puedan convertirse en espacios donde se siembre esperanza y se proteja la vida.

La invitación: orar unidos desde cada hogar

En su circular, Monseñor José Mario Bacci pidió a los párrocos y a los Equipos Parroquiales de Animación Misionera (EPAM) hacer llegar el subsidio a las familias de sus comunidades, así como compartirlo en las celebraciones dominicales, grupos apostólicos, instituciones educativas y medios digitales.

La propuesta es que las familias puedan vivir la Vigilia este sábado 26 de septiembre o en algún día de la semana siguiente, hasta el domingo 4 de octubre, de manera que toda la Diócesis pueda unirse en oración con un mismo corazón.

La invitación de la Diócesis de Santa Marta es, así, a que la oración no permanezca únicamente en las palabras, sino que se traduzca también en gestos concretos: cuidar a los niños y jóvenes, acercarse al vecino que sufre, perdonar y romper el cerco de la indiferencia.

La Vigilia de Oración en Familia por la Paz y la Reconciliación ya está disponible para todas las familias de la Diócesis de Santa Marta.

Que Santa Marta, nuestra patrona, y María, Reina de la Paz, acompañen a cada familia.

Descargar la Vigilia:

Compartir:

Más artículos…