Monseñor Luis Adriano Piedrahita Sandoval
Obispo de Santa Marta

Reseña Histórica de Nuestra Diócesis

Nuestra historia comenzó el 29 de Julio de 1525, a orillas del Mar Caribe, en la plaza que hoy se llama Parque de Simón Bolívar. Amparado por la frondosidad de los trupillos y de las altivos árboles de ceiba, Diego de Peñas, fraile de la Orden Militar de la Merced, alzó su voz desafiando el fuerte golpeteo del oleaje: ” ¡Benedictus qui venit in nomine Domini!”. A su lado, erguido y sonriente por haber cumplido el prolongado sueño de su vida, Don Rodrigo de Bastidas ratificó su fe con estas palabras:” ¡Benedic, anima mea, Domino!”. En efecto, a una edad avanzada, la voluntad divina lo había traído desde la Isla La Española (hoy Santo Domingo), para que fundara a la ciudad de Santa Marta, en Tierra Firme, y sobre el legado de los aguerridos y espirituales Tayros (Tayronas) erigiera la primera iglesia de barro y paja, convirtiéndose más tarde el 5 de junio de 1528, en Vicario de la Provincia de Santa Marta y a los pocos meses en Arcipreste, “en virtud a sus buenos servicios”, por disposición de Carlos I de España y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

En ese mismo año, según testimonio de la Real Cédula del 17 de agosto de 1828, el gobernador García de Lerma escribe a Su Majestad, rogando “que se provea un prelado para esta Provincia”. Esta solicitud indica que Fray Diego tuvo altas aspiraciones. Sin embargo, Don Carlos de Habsburgo y Trastámara estaba demasiado ocupado con sus guerras, y la petición quedó postergada. A esto se suma que en el mismo año de 1828, los frailes de la Orden Militar de la Merced tuvieron que compartir el territorio con los frailes predicadores de la Orden de Santo Domingo de Guzmán, quienes arribaron a estas playas comandados por el prestigioso Fray Tomas Ortiz y Berlanga, célebre por sus acciones en la Isla La Española y en Nueva España (México). Por su nombradía el Rey lo envió rumbo al Nuevo Mundo con el ostentoso nombramiento de “Protector y Defensor de los Indios de Santa Marta”. A los tres años de deambular por el imperio de los Tayros y por los dispersos reinos de los bravos Chimilas, Fray Tomas Ortiz y Berlanga se dirige a la Reina Isabel de Portugal (esposa de Carlos V), y teniendo en cuenta una carta que reposa en el Archivo de Indias, suscrita por un Licenciado Suárez de Carvajal a Su Majestad, se ventiló en el año de 1531, la posibilidad de candidatizar ante el Sumo Pontífice, el nombre de Fray Tomas como primer Obispo de Santa Marta. Pero esta candidatura tampoco tuvo éxito, y a juicio del historiador William Hernández Ospino, “fray Tomas Ortiz y Berlanga tenía muchos enemigos tanto en el Real Consejo de Indias como entre sus frailes compañeros de Salamanca”.

Por fin, la Reina Isabel de Portugal empecinada en su idea de erigir una Iglesia Catedral en Santa Marta, envía reiteradas cartas al Papa Clemente VII, (Julián de Médicis), instándole a que atienda “las suplicas del Emperador”, en el sentido de enaltecer a la Provincia de Santa Marta con la categoría de Diócesis. Al respecto, hay que recordar la enemistad entre la Santa Sede y el Emperador Carlos V, pues este había saqueado e incendiado a Roma el 6 de mayo de 1527, con tanta barbarie que, en toda Europa se decía: “El infierno no es nada si se lo compara con la visión que ofrece la Roma actual”. En vista del anterior incidente el Papa Clemente VII no respondía las numerosas cartas de la Reina Isabel. Empero, la Reina era testaruda, y Clemente VII ordenó que se celebrara el consistorio, con el fin de crear la Diócesis de la Provincia de Santa Marta.

El documento original autenticado en Roma el 8 de Mayo de 1837 por el Encargado de Negocios de la República de la Nueva Granada (Y. TEJADA) y traído a Santa Marta por el Obispo Doctor José Romero y Araujo es el siguiente: “Damos fe y testificamos a todos y a cada uno de los que vieren estas nuestras letras, que en los libros auténticos depositados en el archivo de la Sagrada Congregación de negocios consistoriales y del Sacro Colegio, se conserva lo siguiente de la Iglesia Episcopal de Santa Marta, en la América Meridional, en un libro cuyo titulo es “Libro de los Negocios Consistoriales del Reverendísimo Vice-Cancelario, expedidos por los Romanos Pontífices desde el año quinto de Clemente VII hasta el año tercio de Pablo III”. En la pagina 100 se lee: En Roma día 9 de enero de 1533 se celebró el consistorio en el lugar acostumbrado, en el cual,… a súplica del Emperador, se erigió en la plaza o pueblo de Santa Marta, situado en la provincia de la misma Santa Marta, en la región de las Indias, y allí constituyó una Iglesia Catedral, a la cual por presentación del César proveyó en la persona de Alfonso de Tobes, Licenciado en Sagrada Teología…”.

Así, pues, que con el Licenciado Alfonso de Tobes, nacido en Medina Celi comenzó la historia de esta Diócesis. Al igual que Fray Tomas Ortiz y Berlanga, el Emperador Carlos V lo distinguió con el titulo de “Protector y Defensor de los Indios”, y en la obra “Cedulario de las Provincias de Santa Marta y Cartagena de Indias” por Manuel Serrano y Sanz se encuentran muchos datos que convalidan el nombramiento de Alfonso de Tobes como primer Obispo de Santa Marta, y se cuentan pormenores de su corta estancia hasta el 25 de diciembre de 1535.

Desde su fundación, no fue fácil el itinerario de la Iglesia en Santa Marta, ya que la ciudad carecía de fortalezas que la defendieran, y por esto se convirtió en escenario frecuente de los piratas ingleses y holandeses que, con mordaz enojo incendiaron las catedrales que se construyeron en el curso de tres siglos. En este orden de ideas, hay que agregar que la construcción de la Catedral actual fue terminada en el apogeo de la Guerra de Independencia. A pesar de todo, en los anales de la historia de la Iglesia en Colombia, no se puede refutar que, la Diócesis de Santa Marta fue la “Madre de todas las Jurisdicciones Eclesiásticas colombianas”.

La Catedral de Santa Marta sirvió de última morada del Libertador Simón Bolívar. El 20 de diciembre de 1830, en la nave derecha conocida como “nave del Evangelio” fue sepultado El Libertador y Padre de la Patria. En este sagrado recinto permaneció hasta el año de 1843, cuando sus familiares solicitaron su regreso a Caracas.