El Obispo de Santa Marta, miembro de la Comisión Episcopal para la Cultura del Cuidado, hizo parte de este espacio nacional que reunió a obispos, sacerdotes, religiosos y laicos para fortalecer las estrategias de prevención de abusos, el acompañamiento a las víctimas y el cuidado de quienes desarrollan esta misión en la Iglesia.
Del 26 al 29 de octubre de 2026 se desarrolló el Tercer Encuentro Nacional de Responsables de la Cultura del Cuidado, una iniciativa de la Iglesia católica colombiana orientada a fortalecer los procesos de prevención de las violencias y los abusos, la protección de las personas y la construcción de ambientes eclesiales seguros. En esta edición, el encuentro tuvo como eje central “Cuidando al cuidador: en sintonía con el corazón de Dios y el corazón de las víctimas”.
En este espacio participó Monseñor José Mario Bacci Trespalacios, Obispo de Santa Marta y miembro de la Comisión Episcopal para la Cultura del Cuidado, quien destacó la importancia de consolidar un compromiso institucional y pastoral que trascienda la respuesta a situaciones particulares y se proyecte como un proceso permanente de transformación dentro de la Iglesia.
“En el contexto de la Iglesia colombiana, este tercer encuentro es muy importante porque consolida este espacio de encuentro nacional en torno a experiencias, reflexiones y buenas prácticas en la Cultura del Cuidado”, expresó el prelado. Asimismo, señaló que este compromiso no responde únicamente a la necesidad de reaccionar ante la emergencia de los abusos, sino que busca una renovación profunda y una perspectiva de largo plazo.
¿Qué es la Cultura del Cuidado y por qué es importante?
La Cultura del Cuidado es el compromiso de promover relaciones y entornos seguros, respetuosos de la dignidad humana, mediante acciones de prevención, protección, atención y acompañamiento frente a las distintas formas de violencia y abuso.
En Colombia, la Conferencia Episcopal ha impulsado un Sistema Nacional para la Cultura del Cuidado, concebido como una red de personas, organismos e instituciones que trabajan de manera articulada para prevenir y atender situaciones de abuso sexual, espiritual, de conciencia y de poder, entre otras formas de violencia que puedan presentarse en ambientes eclesiales.
Esta labor contempla especialmente la protección de niños, niñas, adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad, así como la escucha, acogida y atención de quienes han sufrido algún tipo de abuso. También implica reconocer la responsabilidad institucional de prevenir estas situaciones, actuar oportunamente y promover procesos de reparación.
Por tanto, la Cultura del Cuidado no se limita a la aplicación de protocolos o disposiciones normativas. Supone revisar las relaciones, prácticas y estructuras de la Iglesia para que cada espacio de encuentro, servicio y acompañamiento sea respetuoso de la dignidad y los derechos de las personas.
Cuidar a quienes tienen la misión de cuidar
Uno de los principales énfasis del encuentro fue el autocuidado de quienes tienen responsabilidades en los procesos de prevención y acompañamiento. La reflexión partió de una premisa: para cuidar a otras personas es necesario reconocer también las propias necesidades, límites y condiciones emocionales y espirituales.
Monseñor Nelson Jair Cardona, Obispo de Pereira y presidente de la Comisión Episcopal para la Cultura del Cuidado, explicó que quienes se ponen al servicio de los demás requieren también espacios y herramientas para su cuidado personal, de manera que puedan escuchar y acompañar con empatía.
Esta perspectiva fue compartida por responsables de distintas jurisdicciones eclesiásticas, quienes destacaron la importancia del apoyo entre equipos, el trabajo interdisciplinario y la consolidación de redes de acompañamiento para afrontar los desafíos de esta misión.
Durante las jornadas se abordaron asuntos como la salud mental de quienes trabajan en estas oficinas, la resiliencia, la escucha, el acompañamiento, la prevención de la revictimización y la espiritualidad del cuidado. Se trató, además, de reconocer los desafíos psicológicos, espirituales y operativos que enfrentan quienes desarrollan esta labor.
La centralidad de las víctimas y la construcción de ambientes seguros
Otro de los aspectos centrales fue la necesidad de situar a las víctimas en el centro de los procesos de prevención, escucha y acompañamiento. Esto implica acoger sus testimonios, respetar sus tiempos y necesidades, evitar cualquier forma de revictimización y avanzar en procesos transparentes de reparación.
Al respecto, Monseñor Bacci destacó que el encuentro contó con la participación de ponentes y personas con experiencia en el acompañamiento a víctimas de situaciones de violencia, tanto en el contexto del conflicto colombiano como en ambientes eclesiales. Según explicó, estos aportes ofrecieron una perspectiva académica que permitió profundizar en los desafíos de este servicio y fortalecer su ejercicio profesional.
En esa misma línea, los participantes insistieron en que promover la Cultura del Cuidado significa reconocer la dignidad de cada persona y prevenir los abusos de autoridad, de poder y de conciencia. La construcción de ambientes seguros requiere, por tanto, el compromiso de todos los integrantes de las comunidades eclesiales y no solamente de quienes tienen responsabilidades directas en las oficinas especializadas.
Una responsabilidad que involucra a toda la Iglesia
El encuentro también permitió fortalecer los vínculos entre los responsables de la Cultura del Cuidado en las distintas jurisdicciones eclesiásticas del país. La participación de obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y laicos favoreció el intercambio de experiencias y buenas prácticas, así como la construcción de un lenguaje común frente a los retos de esta misión.
Para Monseñor José Mario Bacci, este trabajo en red es fundamental para que la Cultura del Cuidado llegue a todas las personas y estructuras de la Iglesia colombiana. En sus palabras, el encuentro constituye un signo de consolidación de una búsqueda que debe mantenerse abierta a la escucha de las víctimas y a la renovación institucional.
El Obispo también resaltó la importancia de la espiritualidad como fundamento de este compromiso. Desde la perspectiva cristiana, el cuidado no puede entenderse como una actividad adicional o independiente de la evangelización, sino como una dimensión inherente a la misión de la Iglesia. La parábola del Buen Samaritano (Lucas 10, 25-37) ofrece una referencia para comprender esta responsabilidad: reconocer el sufrimiento del otro, acercarse, atender sus necesidades y comprometerse con su recuperación.
Al finalizar el encuentro, Monseñor Bacci hizo un llamado a que toda la Iglesia tome conciencia de la necesidad de renovarse desde dentro para convertirse en una expresión concreta del cuidado de Dios.
La participación de la Diócesis de Santa Marta en este espacio nacional, a través de su Obispo, se enmarca en un compromiso que requiere formación permanente, responsabilidad institucional, escucha atenta y acciones concretas de prevención y protección.

