Diócesis de Santa Marta invita a las familias a unirse en oración por la paz y la reconciliación

Ante la situación de violencia y zozobra que atraviesa el territorio, la Iglesia particular de Santa Marta propone una Vigilia de Oración en Familia bajo el lema «Él es nuestra paz» (Ef 2,14), disponible para todos los hogares de la Diócesis.

En medio de la situación de violencia, temor y alteración del orden público que ha afectado a diferentes comunidades del territorio, la Diócesis de Santa Marta invita a las familias a unirse en oración por la paz y la reconciliación.

Como parte de esta respuesta pastoral, la Diócesis pone a disposición de las familias la Vigilia de Oración en Familia por la Paz y la Reconciliación, bajo el lema «Él es nuestra paz» (Efesios 2,14). La propuesta busca que los hogares se conviertan en espacios de oración, encuentro y esperanza, especialmente en este momento que atraviesa la región.

La Iglesia llama a proteger la vida y acompañar a las comunidades

La invitación a la oración se desarrolla en un contexto en el que la Diócesis de Santa Marta, en cabeza de su Obispo, Monseñor José Mario Bacci Trespalacios, ha manifestado públicamente su preocupación por la situación de violencia que afecta al territorio.

En un comunicado del 22 de septiembre, la Diócesis hizo un llamado a respetar a la población civil y pidió que las acciones de control territorial se desarrollen teniendo como prioridad la protección de la vida. También, reiteró su disposición para acompañar mecanismos humanitarios que permitan proteger a las personas y aliviar el sufrimiento de las comunidades afectadas.

En declaraciones ofrecidas a Noticias Caracol el 24 de septiembre, Monseñor José Mario Bacci Trespalacios, Obispo de Santa Marta, se refirió nuevamente a la situación que vive la ciudad y señaló que, además de las acciones encaminadas a recuperar el control territorial, es necesario avanzar en procesos de recuperación social, intervenciones humanitarias y acercamiento que permitan abrir nuevas oportunidades.

Durante la entrevista, el Obispo reiteró también la disposición de la Iglesia para participar en iniciativas humanitarias que contribuyan a preservar la vida y la integridad de la población civil, siempre que las condiciones institucionales y la voluntad de los actores involucrados lo permitan.

«Una paz desarmada y desarmante» fue la expresión utilizada por Monseñor al referirse al camino para encontrar soluciones a la situación que atraviesa el territorio. Esta postura coincide con el mensaje emitido por la Diócesis días atrás, en el que se manifestó la apertura para acompañar procesos humanitarios e iniciativas que permitan encontrar una salida al conflicto.

«Este templo empieza en cada hogar»

En este contexto, Monseñor Bacci dirigió una circular a los sacerdotes, miembros de la vida consagrada, Equipos Parroquiales de Animación Misionera (EPAM) y familias de la Diócesis para presentar la Vigilia Familiar de Oración por la Paz y la Reconciliación.

En el documento, fechado el 24 de septiembre de 2026, el Obispo reconoce las heridas que la violencia, las amenazas y la extorsión han dejado en los campos, la Sierra Nevada, las riberas del río Magdalena y los barrios de las ciudades. Frente a esta realidad, plantea que, la reconstrucción del tejido social necesita también de una transformación desde la fe, la reconciliación y la fraternidad. 

«Este templo empieza en cada hogar», afirma Monseñor José Mario al referirse a la familia como Iglesia doméstica y como primer espacio donde se aprende a orar, perdonar y reconocer al otro como hermano. Por ello, invita a que en cada casa de la ciudad y de la Diócesis se encienda una luz, se abra la Palabra y se levante la Cruz de la Paz, como signos de una comunidad que busca reconstruirse desde Dios.

Una Vigilia de Oración para vivir en familia

La propuesta preparada por la Diócesis está diseñada para que padres, madres, abuelos, jóvenes y niños puedan participar juntos en un momento de oración.

El subsidio sugierepreparar un pequeño altar familiar con una Biblia abierta y una vela o cirio. También contempla el signo de la Cruz de la Paz y unas siluetas de manos o palomas de papel, en las que cada integrante de la familia puede escribir o dibujar una palabra relacionada con la paz.

La celebración comienza con una monición en la que se reconoce la situación de zozobra y alteración del orden público que viven distintas comunidades, pero también se hace un llamado a dejar atrás el encierro en el temor y la apatía para convertirse en artesanos de esperanza y comunión.

Uno de los momentos centrales es la proclamación de la Palabra de Dios a partir de la Carta de San Pablo a los Efesios: «Él es nuestra paz» (Ef 2,14). A partir de este texto, la meditación propone reconocer a Cristo como fuente de reconciliación y reflexionar sobre los muros de desconfianza, odio, violencia e indiferencia que pueden afectar a las comunidades.

La reflexión también pone la mirada en las familias campesinas e indígenas de las zonas rurales, así como en las comunidades urbanas afectadas por la extorsión, la falta de oportunidades y otras expresiones de violencia.

«Derribando muros, construyendo paz»

La vigilia incluye un signo familiar denominado «Derribando muros, construyendo paz». Cada integrante de la familia puede escribir una palabra o intención de paz en una silueta de mano o paloma y acercarse a la Cruz de la Paz para presentarla ante Dios. Entre las intenciones sugeridas están la protección de los campesinos y los niños.

El subsidio también propone un espacio de diálogo familiar con preguntas dirigidas a niños, jóvenes y adultos, con el propósito de reflexionar sobre cómo cada persona puede contribuir a derribar los muros de la burla, el rechazo, la indiferencia y el miedo en sus propios entornos.

La oración universal incluye peticiones por los niños y jóvenes de Santa Marta, Ciénaga, Zona Bananera, Aracataca, Fundación y los pueblos del río; por las familias afectadas por el desplazamiento, las extorsiones, el desempleo y la violencia; por quienes tienen responsabilidades en materia de seguridad y justicia; y también por quienes siembran violencia y discordia.

Una oración por el Magdalena

La Vigilia concluye con una oración especial por el departamento del Magdalena en tiempos de confusión y violencia. En ella, las familias piden a Dios serenidad y confianza para construir un futuro en paz, así como fuerza para transformar el miedo, el odio y la venganza en solidaridad, perdón, justicia y fraternidad.

La oración también encomienda a las familias, los barrios, las veredas y las comunidades, pidiendo que puedan convertirse en espacios donde se siembre esperanza y se proteja la vida.

La invitación: orar unidos desde cada hogar

En su circular, Monseñor José Mario Bacci pidió a los párrocos y a los Equipos Parroquiales de Animación Misionera (EPAM) hacer llegar el subsidio a las familias de sus comunidades, así como compartirlo en las celebraciones dominicales, grupos apostólicos, instituciones educativas y medios digitales.

La propuesta es que las familias puedan vivir la Vigilia este sábado 26 de septiembre o en algún día de la semana siguiente, hasta el domingo 4 de octubre, de manera que toda la Diócesis pueda unirse en oración con un mismo corazón.

La invitación de la Diócesis de Santa Marta es, así, a que la oración no permanezca únicamente en las palabras, sino que se traduzca también en gestos concretos: cuidar a los niños y jóvenes, acercarse al vecino que sufre, perdonar y romper el cerco de la indiferencia.

La Vigilia de Oración en Familia por la Paz y la Reconciliación ya está disponible para todas las familias de la Diócesis de Santa Marta.

Que Santa Marta, nuestra patrona, y María, Reina de la Paz, acompañen a cada familia.

Descargar la Vigilia:

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