No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma

“No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma”
Mt 10, 26-33

El Evangelio de este domingo nos trae una de las invitaciones más repetidas por Jesús a lo largo de su vida: «No tengan miedo». En un mundo lleno de incertidumbres, donde a veces nos abruman las dificultades económicas, los problemas de salud o las tensiones familiares, el Señor nos habla al corazón para recordarnos que no estamos solos. Sus palabras no son un simple saludo de cortesía, sino una certeza profunda: el mal y las dificultades de la vida tienen un límite, pero el amor de Dios por nosotros es eterno.

Jesús utiliza una imagen hermosa y muy sencilla para explicarnos cuánto le importamos a Dios. Nos dice que, si el Padre cuida de los gorriones, son las aves más pequeñas y comunes, con cuánta mayor razón cuidará de nosotros. Llegará a decirnos que «hasta los cabellos de la cabeza tienen contados». Esta verdad nos invita a descansar en su Divina Providencia. Como bellamente expresaba Santa Teresa de Jesús en sus conocidos versos: «Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta».

Sin embargo, el Señor también nos hace un llamado a la coherencia y a la valentía en nuestra vida diaria. Nos pide que lo que Él nos enseña en la intimidad de la oración, lo llevemos a nuestra vida pública: «Lo que les digo al oído, pregónenlo desde la azotea». Ser cristianos hoy significa reflejar a Cristo con alegría en el trabajo, con los vecinos y en el hogar. No podemos esconder nuestra fe por timidez o por el temor al “qué dirán”. Nuestro testimonio diario es la mejor manera de dar testimonio de que pertenecemos a Dios.

Por supuesto, dar testimonio implica a veces nadar contracorriente. Jesús nos advierte: «No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma». El verdadero peligro no es que el mundo nos critique o nos rechace, sino que permitamos que el miedo enfríe nuestro amor a Dios y al prójimo. San Agustín nos recordaba esta prioridad del alma al decir: «¿Qué importa que el cuerpo sufra o muera, si el alma permanece libre y viva en las manos de su Creador?». Al final, nuestra verdadera seguridad no depende de nuestras fuerzas humanas, sino de la fidelidad del Señor.

Esta semana, al salir de la Eucaristía, llevemos grabada en el alma la promesa de Jesús: «Valen más ustedes que muchos gorriones». Cuando sientas que las fuerzas te faltan o que el temor toca a tu puerta, repite en tu interior estas palabras del Evangelio. Vivamos con la cabeza levantada y el corazón lleno de paz, sabiendo que cada detalle de nuestra historia está firmemente custodiado en las manos amorosas de nuestro Padre celestial. ¡Feliz Domingo!

Ver el dominical:

Compartir:

Otros Dominicales…