Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti

LECTIO DIVINA

Oración inicial

Señor Jesús, que en el Evangelio nos invitas a oír y a ver tus obras, te pido que envíes a Tu Espíritu Santo para que abra mi entendimiento y mi corazón. Que al leer estas Sagradas Escrituras, no sea yo una ‘caña sacudida por el viento’, sino que encuentre la firmeza de Tu Palabra. Que este estudio no sea solo acumular conocimiento, sino una experiencia de encuentro donde pueda ver tus señales y comprender la humildad con la que me ofreces el Reino.

Amén.

LECTURA (¿Qué dice la Palabra? Leer el texto bíblico dos o tres veces)

Texto Bíblico: Mateo 11, 2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Jesús les respondió: «Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo:  los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados.  ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salieron a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento?  ¿O qué salieron a ver, un hombre vestido con lujo?, Miren los que visten con lujo habitan en los palacios.  Entonces, ¿a qué salieron?, ¿a ver a un profeta? Sí, les digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.

En verdad les digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

Palabra del Señor.

Preguntas para reflexionar personalmente o en grupo: 

  •  ¿Qué obras (señales) usa Jesús para demostrarle a Juan que Él es el Mesías?
  • ¿Por qué podría alguien “escandalizarse” (dudar o rechazar) de la forma en que el Mesías se manifestó?
  • Según la descripción de Jesús, ¿qué tipo de vida (sencilla o lujosa) debe llevar un verdadero profeta?
  • ¿Por qué el “más pequeño en el Reino de los Cielos” es considerado más grande que Juan el Bautista?

MEDITACIÓN (¿Qué me dice la Palabra?)

El evangelio de hoy nos presenta la figura de Juan Bautista, el predicador más fuerte y valiente, encerrado en una cárcel. Él había anunciado a un Mesías que iba a ser un juez poderoso. Pero lo que escucha sobre Jesús es que sana gente y ayuda a los pobres. Por eso, con una mezcla de duda y esperanza, envía a preguntar: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Esta pregunta nos toca el alma. Nos recuerda que incluso los más cercanos a Dios pueden tener dudas cuando la realidad no se ajusta a lo que esperan. Juan representa a la humanidad que espera con ansias la llegada de Dios, pero se sorprende de que Él llegue de una forma tan humilde y sencilla.

Jesús no responde con un simple “sí”, sino que invita a Juan a mirar su trabajo: “los ciegos ven y los cojos andan… y los pobres son evangelizados”. Esta respuesta es una prueba de que Él está cumpliendo las promesas que estaban escritas en el profeta Isaías (cap. el 35 y 61). En pocas palabras, Jesús les está diciendo: “Mírenme, y verán que todo lo que los profetas dijeron que haría el Mesías, yo lo estoy haciendo”. La prueba de que Jesús es Dios no son sus títulos, sino el poder transformador que trae al mundo, especialmente al devolver la vista y la dignidad a los que más sufren.

Justo después de mostrar sus obras, Jesús lanza una advertencia importante: «¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!». ¿Qué significa esto? Significa que podemos “tropezar” con Jesús, ofendernos con Él, si esperamos que actúe de otra manera. Si esperamos un Mesías rico, imponente, o que resuelva nuestros problemas de forma mágica, nos chocará ver que Él eligió el camino de la sencillez y el servicio. Ser dichoso es aceptar y alegrarse con el Jesús que es humilde y que se pone del lado de los últimos. Tenemos que cambiar nuestra idea de un Dios poderoso que exige, por la de un Dios poderoso que sirve y restaura.

Cuando los discípulos se van, Jesús aprovecha para darle el mayor de los elogios a Juan. Pregunta a la gente si esperaban ver a alguien débil como una “caña sacudida por el viento” (que se doblega ante cualquier presión) o un hombre de ropas lujosas. La respuesta es no. Juan era un profeta firme y austero. Además, Jesús confirma que Juan es el gran mensajero que había sido anunciado en el libro de Malaquías (3, 1), el que venía a preparar el camino. Juan es un modelo de coherencia y valentía, un ejemplo para nosotros de cómo debemos prepararnos para la llegada de Cristo: con un carácter fuerte y sin buscar las comodidades del mundo.

El texto concluye con una paradoja que lo cambia todo: “no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”. Juan fue el mejor de todos los hombres bajo el Antiguo Pacto. Pero el “más pequeño” que ya vive bajo el Reino que Jesús trae (la Nueva Alianza) es más grande. ¿Por qué? Porque nosotros ya recibimos el regalo completo de la gracia y la salvación de Jesús.

ORACIÓN (¿Qué me hace decir a Dios la Palabra)? De manera espontánea los hermanos pueden hacer una oración en comunidad.

Señor Jesús, concédenos la gracia de no escandalizarnos de tu humildad, y de ver en tu servicio a los pobres la prueba de que eres el Mesías. Ayúdanos a vivir con la sencillez y la valentía de San Juan el Bautista, preparando el camino para Ti en nuestros corazones y en el mundo.

CONTEMPLACIÓN (Dios me mira y yo lo miro)

Concentra tu atención en la respuesta de Jesús a los discípulos de Juan: “los ciegos ven y los pobres son evangelizados”. Cierra los ojos y trae a tu mente tus propias cegueras (esas verdades que te cuesta aceptar) y las parálisis (miedos o vicios que te detienen), y pídele a Jesús que te ponga en camino y te devuelva la vista. Detente especialmente en la idea de que la mejor prueba del Reino es que el mensaje llega a los pobres de espíritu, permitiendo que esta Buena Noticia te penetre como si fueras la primera persona en escucharla. Finalmente, medita en la advertencia: “¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!”, y pide la gracia de aceptar a Jesús en Su humildad radical, sin desear un Mesías más poderoso o espectacular que el que se nos ha revelado en el servicio.

ACCIÓN (en este momento de manera personal o como comunidad se pueden proponer unos compromisos para ponerlos en práctica). Proponemos los siguientes:

  • Preguntar, como Juan: antes de tomar una decisión importante hoy, detente y hazle a Jesús la pregunta fundamental: “¿Qué quieres Tú que yo haga, o espero una solución distinta?” (Llevando tu duda a la oración, como hizo Juan).
  • Busca activamente una “ceguera” (un error o un prejuicio que tienes) y una “parálisis” (una excusa para no servir) en ti mismo. Durante esta semana, esfuérzate por superarlas, pidiendo la luz de Cristo para ver y la fuerza para actuar.
  • Honrar al Precursor: Durante una conversación hoy, en lugar de ser el protagonista, hazte un lado y facilita que la atención o el elogio recaigan sobre otra persona, imitando a Juan el Bautista que dijo: “Él tiene que crecer y yo tengo que menguar.”

ORACIÓN FINAL

Te doy gracias, Padre Celestial, porque me has permitido sentarme a escuchar y contemplar tu Palabra, revelándome que el mayor milagro es que el Evangelio es anunciado a los pobres de espíritu. Ayúdame a llevar las lecciones de hoy a mis acciones y a mis palabras, para que, aunque sea el más pequeño, pueda dar testimonio de la inmensidad de tu Reino que has inaugurado en mi corazón.

Amén.

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