VII Domingo de la Palabra de Dios: “La Palabra de Cristo habite en ustedes”
(Col 3, 16).
“Vengan en pos de mí y los haré pescadores de hombres”
Mt 4, 12-23
El evangelio de hoy nos cuenta que Jesús comenzó su misión en Cafarnaúm, en la zona de Galilea, un lugar no era el centro religioso de Jerusalén, sino más bien una encrucijada de culturas. Esto cumple una profecía antigua que decía que una “luz grande” brillaría precisamente en la “tierra de Zabulón y Neftalí,” un área considerada “tierra y sombras de muerte”. Esto nos enseña una verdad importante: Dios no se queda en los lugares “importantes” o cómodos; Él viene a buscarnos justo donde estamos, en nuestras periferias, en nuestros momentos de oscuridad o confusión. La llegada de Jesús es como un amanecer que rompe las tinieblas de nuestra vida.
A partir de ese momento, la predicación de Jesús se centró en una frase contundente: “Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos.” La palabra “conviértanse” (o metanoia en griego) significa cambiar la dirección de nuestra vida. No es solo un cambio superficial, sino la transformación profunda de nuestra manera de pensar y vivir. Jesús nos dice que el Reino de Dios, que es su presencia y su manera de vivir, no es algo que vendrá en un futuro lejano, sino que “está cerca”; está aquí y disponible ahora. Es una invitación urgente a dejar atrás lo que nos separa de Dios y empezar a vivir según su amor.
Jesús no hizo un anuncio masivo, sino que comenzó con un llamado personal a cuatro pescadores, Simón (Pedro) y Andrés, y luego a Santiago y Juan. Ellos estaban ocupados en su trabajo diario. La frase clave que define su nueva vida es: “Vengan detrás de mí y los haré llegar a ser pescadores de hombres.” Dejar las redes y la barca era dejar su vida antigua y segura. Este llamado nos muestra que Jesús nos entrega una misión que supera nuestra profesión o rutina. Ser “pescadores de hombres” significa dedicarnos a guiar a otros hacia la vida que Él ofrece, usando nuestras habilidades para un fin más elevado. La respuesta es instantánea: “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.”
El versículo final resume la misión completa de Jesús con tres acciones esenciales que se complementan. Él enseñaba en las sinagogas (presenta la verdad de Dios), proclamaba el evangelio del reino (anuncia la buena noticia de que Dios está actuando) y curaba toda enfermedad y toda dolencia (muestra el poder de Dios contra el sufrimiento humano). Este es el modelo de acción de Jesús: Su mensaje no se queda solo en palabras. Se hace tangible al aliviar el dolor y restaurar la vida de las personas. La fe debe ser tanto conocimiento como acción de servicio.
Este pasaje es un espejo para nosotros. Si la “luz grande” de Jesús ha brillado en nuestras vidas, ¿cómo estamos respondiendo a su llamado? La conversión es un camino diario, y la invitación a seguirlo sigue vigente.
Ver el dominical:



