LECTIO DIVINA
Oración inicial
Espíritu Santo, ven y aclara mi entendimiento. Tú que inspiraste a los autores sagrados, inspira ahora mi lectura. No permitas que estas palabras se queden solo en mi cabeza como datos o conceptos, sino que bajen a mi corazón como semilla viva. Dame la humildad para escuchar lo que quieres decirme hoy y la docilidad para dejarme transformar por tu Verdad.
Amén.
LECTURA (¿Qué dice la Palabra? Leer el texto bíblico dos o tres veces)
Texto Bíblico: Mateo 5, 17-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No crean que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad les digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.
Porque les digo que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos.
Han oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.
Pero yo les digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve
a presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras van todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pero yo les digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.
Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”.
Pero yo les digo que si uno repudia a su mujer —no hablo de unión ilegítima— la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También han oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo les digo que no juren en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que su hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
Palabra del Señor.
Preguntas para reflexionar personalmente o en grupo:
- ¿Qué crees que significa “dar plenitud” a una norma? ¿Cómo cambia tu perspectiva si ves los mandamientos no como una lista de prohibiciones, sino como un camino hacia la perfección del amor?
- ¿A qué sentimientos o pensamientos “invisibles” (rencores, juicios, envidias) sueles dar espacio en tu interior, pensando que no hacen daño porque no se convierten en actos? ¿Cómo afectan estos sentimientos tu relación con Dios y con los demás?
- ¿Hay alguien en tu vida con quien tengas una “cuenta pendiente” o un conflicto no resuelto? ¿Qué es lo que más te cuesta para dar el primer paso hacia el perdón: el orgullo, el miedo o la sensación de injusticia?
- En un mundo donde a veces se justifica la “mentira piadosa” o la exageración para quedar bien, ¿Qué tan coherente es tu palabra con tus acciones? ¿Sienten las personas que te rodean que pueden confiar plenamente en lo que dices sin necesidad de que prometas nada?
MEDITACIÓN (¿Qué me dice la Palabra)
El Evangelio de este domingo, tomado del Sermón de la Montaña, nos ayuda a entender qué significa realmente vivir el Reino de Dios. Jesús no viene a borrar el pasado ni a quitar las reglas; Él viene a explicarnos qué es lo que Dios siempre quiso decirnos. No quiere que obedezcamos por miedo o por costumbre, sino que dejemos que su ley se escriba en nuestro corazón.
Jesús nos dice algo que nos cuestiona: “Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino”. Esto no significa que debamos ser más estrictos o perfectos que los demás, sino que debemos ser más auténticos.
Los fariseos se preocupaban mucho por lo de afuera, por la apariencia. Jesús, en cambio, nos pide ir a la raíz. No sirve de nada tener las manos limpias si el corazón está lleno de orgullo o desprecio. La verdadera santidad no es cumplir normas, sino dejar que el amor sea lo que mueva todo lo que hacemos.
Jesús usa una frase poderosa: “Han oído que se dijo… pero yo les digo”. Con esto, nos enseña que el pecado no empieza en la mano que golpea, sino en el pensamiento que odia.
- La reconciliación es primero: De nada sirve rezar en el templo si no estamos en paz con los demás. Jesús nos pide que, antes de ofrecer algo a Dios, busquemos a quien hayamos ofendido para pedir perdón.
- Cortar con lo que nos hace daño: Cuando habla de sacarse un ojo o cortarse la mano, no nos pide hacernos daño físico. Nos está diciendo que seamos valientes para sacar de nuestra vida esos hábitos o amistades que nos alejan del bien.
- La verdad por delante: “Que su sí sea sí, y su no sea no”. Jesús quiere que seamos personas transparentes, que no necesitemos juramentos para que los demás confíen en nosotros.
En resumen, ser cristiano no es conformarse con “no hacer nada malo”. Jesús nos invita a una meta más alta: hacer siempre el bien. No se trata de cumplir con lo mínimo, sino de darlo todo. Al final, la medida de nuestra fe es la misericordia que mostramos a los demás, siendo un reflejo vivo del amor de Dios en el mundo.
CONTEMPLACIÓN (Dios me mira y yo lo miro)
Imagina que estás sentado en la ladera de la montaña, sintiendo la brisa y la mirada de Jesús, que no te habla como un juez que impone leyes, sino como un maestro que desea liberar tu corazón. Al escucharle decir que no ha venido a abolir la ley sino a darle plenitud, visualiza cómo el peso de cumplir normas externas se transforma en una invitación a la integridad interior. Deja que su palabra penetre en esas zonas donde guardas enojos silenciosos o palabras superficiales, y siente cómo Su amor te propone una pureza que no nace del esfuerzo rígido, sino de la transparencia con Él. En este silencio, no busques ser “perfecto” por tus fuerzas, sino deja que la “plenitud” de Cristo habite en tus intenciones más profundas, convirtiendo cada uno de tus “sí” y tus “no” en un reflejo de su propia Verdad.
ACCIÓN (en este momento de manera personal o como comunidad se pueden proponer unos compromisos para ponerlos en práctica). Proponemos los siguientes:
- Limpieza de la ira: Antes de que termine el día, busca activamente a una persona con la que hayas tenido un roce o malentendido (por pequeño que sea) y ofrécele un gesto de paz o una palabra amable, sin esperar a que ella dé el primer paso.
- Sinceridad total: Practica hoy la “economía de la palabra”; evita las exageraciones para impresionar, las excusas innecesarias o las medias verdades. Que tu “sí” sea un sí pleno y tu “no” sea un no sereno.
- Custodia de la mirada y el pensamiento: Cuando surja un pensamiento de juicio, crítica o deseo desordenado hacia otra persona, detente un segundo y sustitúyelo por una breve bendición o una oración silenciosa por su bienestar, reconociendo su dignidad sagrada.
ORACIÓN FINAL
Gracias, Señor, por el regalo de tu Palabra, que es lámpara para mis pasos. No permitas que sea un oyente olvidadizo, sino un hacedor de tu voluntad. Que lo que he leído hoy dé frutos de paz, justicia y caridad en mis acciones cotidianas. Quédate conmigo mientras retomo mis labores, para que mi vida sea el reflejo del Evangelio que acabo de meditar.
Amén.



