LECTIO DIVINA
Oración inicial
Dios Padre, que enviaste a Juan a preparar el camino, prepara hoy mi alma para recibir a tu Hijo. Reconozco que a menudo no lo conozco de verdad a pesar de estar cerca. Te pido que, a través de estos versículos, me permitas ver tu luz. Que mis prejuicios disminuyan para que la verdad de Cristo crezca en mí. Habla, Señor, que tu siervo escucha.
Amén
LECTURA (¿Qué dice la Palabra? Leer el texto bíblico dos o tres veces)
Texto Bíblico: Juan 1, 29-34
AL día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».
Palabra del Señor
Preguntas para reflexionar personalmente o en grupo:
- ¿Cuál es el significado del título “Cordero de Dios” en el contexto judío?
- ¿Por qué es relevante que Juan repita dos veces “Yo no lo conocía”? Siendo parientes según la tradición (Lucas), ¿a qué tipo de “conocimiento” se refiere el Bautista?
- ¿Qué importancia tiene el verbo “permanecer” o “posarse” (emeinen) en el texto? El texto dice que el Espíritu no solo bajó, sino que se posó (o permaneció) sobre Jesús.
MEDITACIÓN (¿Qué me dice la Palabra?)
El pasaje del evangelio de este domingo, nos muestra el momento en que Juan el Bautista, ese predicador fuerte y austero, ve a Jesús y lo presenta al mundo. Su primera y más importante frase es la clave de todo: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” Decir “Cordero de Dios” es como señalar el gran sacrificio. En el Antiguo Testamento, los corderos se ofrecían para el perdón de los pecados, pero Jesús es el Cordero definitivo. Él no solo perdona nuestras faltas, sino que arranca de raíz la maldad que nos separa de Dios. Es el que viene a solucionar el problema más grande de la humanidad: la distancia con nuestro Creador.
Juan, que era famoso y muy respetado, aclara inmediatamente que Jesús está por encima de él. Él confiesa: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.” Aunque Jesús era más joven, Juan reconoce que Él es eterno. Con esto, Juan nos enseña humildad. Él sabía que su trabajo era solo señalar la puerta; Jesús es la puerta. El Bautista no busca el protagonismo, sino que se hace a un lado para que todos puedan ver al verdadero Salvador.
Luego, Juan explica el sentido de su propio bautismo con agua. Él dice: “Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él sea manifestado a Israel.” Juan nos está diciendo que su bautismo era solo una preparación, un acto de limpieza exterior para que el pueblo estuviera listo. Él necesitaba una señal de Dios para identificar al Mesías, y esa señal llegó cuando bautizó a Jesús, revelándolo al pueblo. El Bautista actúa como un faro que ilumina la llegada del Señor.
La señal que Dios le había prometido a Juan fue muy clara, y él la describe: “Vi al Espíritu descender del cielo como una paloma y posarse sobre él.” La paloma es signo del Espíritu Santo. El hecho de que se posara y permaneciera sobre Jesús es lo que lo distingue de cualquier profeta. Jesús no solo tuvo un toque de Dios, sino que está lleno del Espíritu permanentemente. Y el Bautista lo entiende bien, pues repite la promesa de Dios: “Aquel que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que desciende el Espíritu y permanece sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo. “Esto significa que Jesús no solo limpia con agua, sino que transforma la vida por dentro con el poder de Dios.
Finalmente, Juan el Bautista termina con su declaración más fuerte y definitiva: “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.” Esta frase resume todo. Juan no solo cree lo que ha oído, sino lo que ha visto con sus propios ojos. Da fe de que Jesús es más que un hombre o un profeta: es el mismo Hijo de Dios enviado para salvar al mundo. El mensaje para nosotros es claro: el que quita nuestros pecados está aquí. Debemos verlo a través del testimonio de Juan y seguirlo.
CONTEMPLACIÓN (Dios me mira y yo lo miro)
Cierra los ojos y visualiza la orilla del Jordán, sintiendo el silencio reverente que se produce cuando Jesús se acerca; contempla la mansedumbre del Cordero de Dios que camina hacia ti, no para juzgarte, sino para cargar con tus fragilidades. Observa cómo el cielo se abre y el Espíritu desciende como una paloma, posándose y permaneciendo sobre Él, envolviendo toda la escena en una paz sobrenatural. Descansa en esa imagen, dejando que la certeza de Juan el Bautista penetre en tu alma: no estás ante un hombre más, sino ante el Hijo de Dios que está aquí, ahora, presente en tu vida.
ACCIÓN (en este momento de manera personal o como comunidad se pueden proponer unos compromisos para ponerlos en práctica). Proponemos los siguientes:
- Entregar al Cordero: Identifica un error, rencor o culpa que te haya pesado esta semana y, en un momento de silencio, di conscientemente: “Señor, Tú eres el Cordero que quita el pecado; te entrego esto para que me liberes”.
- Hacer espacio al Espíritu: El Espíritu “permaneció” sobre Jesús. Hoy, busca un momento de 5 minutos de silencio absoluto (sin teléfono ni distracciones) para permitir que la paz de Dios “permanezca” también en tu interior.
- Ser testigo con alegría: Juan no se guardó el descubrimiento. Tu compromiso hoy será hablar bien de alguien o compartir una palabra de esperanza con una persona que esté pasando un mal momento, siendo así un pequeño reflejo de la luz de Cristo.
ORACIÓN FINAL
Señor Jesús, Cordero de Dios, te doy gracias porque sales a mi encuentro en la orilla de mi vida cotidiana. Gracias por cargar con mis faltas y por ofrecerme el bautismo de tu Espíritu. Que la paz que hoy he sentido al contemplarte no sea pasajera, sino que permanezca en mí como la paloma sobre Ti. Ayúdame a ser, como Juan, un testigo valiente de tu amor ante los que me rodean. Que al terminar esta oración, mi vida sea un eco de tu verdad.
Amén.



