El obispo de Santa Marta hizo parte del encuentro que reunió en Brasilia a 102 representantes de 18 países para fortalecer la prevención de abusos y promover una cultura de protección y cuidado en la Iglesia.
La Iglesia de América Latina y el Caribe, continúa avanzando en la construcción de una verdadera Cultura del Cuidado. Este fue uno de los principales propósitos del IV Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Responsables de la Cultura del Cuidado, realizado del 31 de agosto al 3 de septiembre en Brasilia, Brasil, con la participación de 102 representantes de 18 países.
Entre los participantes estuvo Mons. José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, quien hizo parte de este espacio regional de encuentro, reflexión e intercambio de experiencias sobre la prevención de abusos y la protección de niños, adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad.
El encuentro tuvo como tema “La cultura del cuidado en la Iglesia de América Latina y el Caribe: una perspectiva a partir de la Magnifica humanitas” y permitió abordar diferentes desafíos para la Iglesia en esta tarea, entre ellos los abusos de poder, conciencia, sexuales y las situaciones de riesgo que pueden presentarse en los entornos digitales.
Una experiencia para compartir aprendizajes
Desde Brasil, Monseños José Mario Bacci destacó el valor de encontrarse con representantes de distintas realidades de la Iglesia en el continente y de compartir experiencias alrededor de la Cultura del Cuidado.
sola obra llena de belleza.
“Ha sido una experiencia enriquecedora porque nos pone en contacto con varias realidades. El compartir y el encuentro es fundamental para asumir con gran sentido de Iglesia el desafío de la Cultura del Cuidado”.
El intercambio entre países y regiones fue uno de los elementos centrales de las jornadas. Representantes del Caribe, Centroamérica y México, los países bolivarianos y el Cono Sur, compartieron experiencias y desafíos con el propósito de fortalecer el trabajo conjunto y encontrar caminos comunes para la prevención.
Esta dimensión regional permite reconocer que, aunque cada país y cada Iglesia particular tiene circunstancias propias, existen desafíos que requieren respuestas compartidas y una mayor colaboración entre las comunidades e instituciones eclesiales.
La Cultura del Cuidado, una responsabilidad de todos
Una de las conclusiones más importantes del encuentro fue que, la Cultura del Cuidado no puede ser entendida como una tarea exclusiva de las comisiones o equipos encargados de la prevención. Se trata de una responsabilidad que compromete a toda la Iglesia. Mons. Bacci lo expresó desde Brasil al señalar:
“Esto no es un tema ni marginal, ni puntual, ni reservado a pocos. Esto es, en realidad, una experiencia integral de fe que nos une a todos como Iglesia en torno a este desafío de los nuevos tiempos”.
Por su parte, en su mensaje de clausura, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, arzobispo de Panamá y segundo vicepresidente del CELAM, profundizó en esta responsabilidad al señalar que, el compromiso de los obispos no puede delegarse. Los equipos especializados son necesarios, pero los pastores deben involucrarse personalmente, escuchar, acompañar, supervisar y tomar decisiones.
El compromiso episcopal, de acuerdo con el mensaje, debe traducirse en formación permanente, estructuras que funcionen, escucha responsable, transparencia, seguimiento y rendición de cuentas.
Magnifica humanitas y la dignidad de la persona
El encuentro tomó como marco de reflexión la Encíclica Magnifica humanitas, primera encíclica del Papa León XIV, publicada el 15 de mayo de 2026 y dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.
El documento pone en el centro la dignidad de la persona humana y plantea reflexiones sobre los desafíos que las transformaciones tecnológicas generan para la vida de las personas y para la sociedad.
En el contexto del encuentro, esta perspectiva permitió relacionar la Cultura del Cuidado con una mirada integral sobre la persona. Cuidar no significa únicamente actuar ante una situación de abuso, sino crear condiciones para que la dignidad de cada persona sea respetada y protegida.
De esta manera, la prevención se entiende como una tarea que debe formar parte de la vida cotidiana de la Iglesia y de sus comunidades.
Los desafíos de los entornos digitales
Los entornos digitales fueron otro de los asuntos abordados durante las jornadas. Las redes sociales, plataformas de comunicación y espacios virtuales, hacen parte de la vida cotidiana de niños, adolescentes y adultos, pero también pueden generar nuevas situaciones de vulnerabilidad.
Por esta razón, el encuentro planteó la necesidad de fortalecer la prevención, también, en estos espacios y de promover procesos de formación que permitan reconocer los riesgos y actuar de manera responsable.
La reflexión estuvo vinculada, además, con los planteamientos de Magnifica humanitas sobre el impacto de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías en la vida humana, así como sobre la necesidad de promover una relación responsable con estos recursos.
Una prevención que comienza antes del abuso
Uno de los mensajes que más destacó durante el encuentro fue el del Nuncio Apostólico en Brasil, Monseñor Giambattista Diquattro.
El representante del Papa señaló que, la prevención de los abusos “pone a prueba la manera como anunciamos el Evangelio, ejercemos la autoridad y velamos por las personas confiadas a nuestras comunidades”.
Su propuesta planteó comprender la prevención como un proceso integral que contempla tres momentos: antes, con prevención y formación; durante, con escucha y procedimientos adecuados; y después, mediante seguimiento, reparación y reducción de riesgos.
Este enfoque permite superar la idea de que prevenir consiste únicamente en contar con protocolos. La prevención requiere formación permanente, canales de escucha, estructuras claras y capacidad para responder adecuadamente cuando se presenta una situación.
Escuchar, acompañar y reparar
La protección de quienes han sufrido abusos ocupó un lugar central en las conclusiones del encuentro. El mensaje de clausura insistió en que las víctimas y sobrevivientes necesitan una Iglesia que escuche su historia, acompañe sus procesos, busque la verdad, actúe con justicia y procure la reparación cuando sea posible.
El documento también plantea como desafío que niños, adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad, encuentren comunidades donde su dignidad sea respetada y protegida, y donde nadie tenga que enfrentar silencio, indiferencia o soledad.
En este sentido, la Cultura del Cuidado supone también una transformación en la manera de relacionarse dentro de la Iglesia y en la forma de ejercer la autoridad.
Colombia y el trabajo regional
El encuentro permitió reconocer la importancia de continuar fortaleciendo el trabajo en red entre los países de América Latina y el Caribe. Compartir experiencias permite identificar buenas prácticas, reconocer dificultades comunes y encontrar respuestas que puedan adaptarse a las diferentes realidades.
La participación de Mons. Bacci se inscribe así en una dimensión que va más allá de la Diócesis de Santa Marta. Como obispo, participa de un proceso que involucra a la Iglesia en Colombia y que, a su vez, forma parte de un camino regional de la Iglesia latinoamericana y caribeña.
El trabajo conjunto fue presentado como una de las fortalezas para avanzar en la prevención y en la construcción de comunidades más seguras, transparentes y confiables.
Del protocolo a una verdadera Cultura del Cuidado
Una de las principales conclusiones del encuentro fue la necesidad de pasar de los protocolos a una verdadera Cultura del Cuidado. Los protocolos y procedimientos continúan siendo necesarios, pero el desafío es que el cuidado se convierta en una dimensión permanente de la vida de la Iglesia: en la formación, en las relaciones, en el ejercicio de la autoridad y en la manera de acompañar a las personas.
En esta perspectiva, Mons. Bacci afirmó desde Brasil: “Nuestra Iglesia quiere ser una casa segura para todos”. Asimismo, explicó que, el anuncio de Jesucristo también debe vivirse en las relaciones fraternas, desde el cuidado, el amor y el afecto recíprocos.
El mensaje de clausura coincidió en este llamado al señalar que, las reflexiones del encuentro deben convertirse en decisiones y acciones concretas, especialmente para proteger a niños, adolescentes y personas en situación de vulnerabilidad.
¿Qué significa este encuentro para la Diócesis de Santa Marta?
Los aprendizajes compartidos en Brasil ofrecen elementos que pueden fortalecer el camino de la Diócesis de Santa Marta en materia de prevención y Cultura del Cuidado. Entre ellos, están la necesidad de asumir el cuidado como una responsabilidad de todos, fortalecer la formación, prestar atención a los nuevos desafíos de los entornos digitales, garantizar mecanismos adecuados de escucha y promover ambientes donde cada persona pueda sentirse respetada y protegida.
Este compromiso también se relaciona con el proceso que la Diócesis viene desarrollando para fortalecer sus mecanismos de prevención y protección. Para Mons. Bacci, este camino requiere la participación de toda la comunidad diocesana. Desde Brasil hizo una invitación concreta:
“Les pido que oremos, que estemos siempre juntos para que también en nuestra diócesis podamos todos hacernos responsables de la Cultura del Cuidado”.
El llamado comprende a sacerdotes, religiosos, agentes pastorales, familias, niños, niñas, jóvenes y a toda persona que hace parte de la vida de la Iglesia.
Un camino que continúa
El IV Encuentro Latinoamericano y Caribeño, no representa el cierre de este proceso. Los participantes regresan a sus países y comunidades con el desafío de llevar a la práctica los aprendizajes compartidos y continuar fortaleciendo el trabajo conjunto.
La continuidad también tendrá un escenario regional: Honduras será la sede del V Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Responsables de la Cultura del Cuidado en septiembre de 2027.
El desafío planteado en Brasil es, en definitiva, que la Cultura del Cuidado deje de ser entendida únicamente como un conjunto de normas y procedimientos y se convierta en una manera concreta de vivir la misión de la Iglesia.
Como lo expresó Mons. Bacci al finalizar su participación: “Que el Señor nos ayude en este buen propósito”.
