Mediante decreto diocesano, se oficializa el marco normativo que busca transformar los consejos parroquiales de pastoral en verdaderos organismos de comunión, participación y misión.
Al contemplar el rostro de nuestra Diócesis, “Madre de todas las jurisdicciones eclesiásticas de Colombia“, no podemos, sino, sentir un profundo asombro ante la obra que el Espíritu Santo ha construido, durante casi 500 años en estas tierras.
La promulgación de los Estatutos del Equipo Parroquial de Animación Misionera (EPAM) no es meramente un acto legislativo; es un evento de gracia que nos llama a redescubrir nuestra identidad más profunda: somos Pueblo de Dios ungido para la misión. Nuestra labor no nace de estrategias humanas, sino del mismo corazón de la Sagrada Escritura. El EPAM encuentra su razón de ser en la promesa de Cristo: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo… y serán mis testigos” (Hch 1, 8). Este equipo es el espacio donde la comunidad debe repetir hoy la convicción de la Iglesia primitiva: “Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros” (Hch 15, 28); por tanto, éste no es un grupo de gestión, es un cenáculo de discernimiento.
El rigor del Derecho Canónico (can. 536 §1) se entrelaza aquí con la belleza de la eclesiología del Concilio Vaticano II. Los estatutos subrayan que, por el bautismo, todos los fieles —sacerdotes, religiosos y laicos— comparten la misma llamada a la santidad y el mismo envío misionero. La colaboración del laico no es opcional; es indispensable para que el apostolado de sus pastores alcance su “plena eficacia”; en el EPAM, la voz del fiel que vive el día a día en el barrio y la familia es la que ayuda al párroco a conformar la vida parroquial con el Evangelio.
Estos estatutos proponen y exhortan a que las reuniones de los EPAM no sean simples discusiones administrativas, sino encuentros que prioricen la escucha de la Palabra, para que sea Dios quien dicte la agenda; el análisis de la realidad, para mirar con compasión y rigor las necesidades de nuestros hermanos; y el diálogo sincero, para promover la “armonía de las diferencias”, donde el carisma de cada uno sume a la misión común.
Estamos en camino hacia el “Ideal 2033”, soñando con una Iglesia que sea fermento de conversión personal, familiar y social. El EPAM es la estructura que permite que este sueño aterrice en cada parroquia, integrando la caridad, la liturgia y el anuncio en una sola sinfonía de fe.
Queridos hermanos, este documento es una invitación a salir de la comodidad y a entrar en el dinamismo de la escucha y la participación sinodal en el ambiente parroquial. Les animo a descargarlo, a meditarlo y, sobre todo, a aplicarlo. Que nuestra Diócesis, bajo la fuerza del Espíritu, siga siendo puerta de la fe para todos.
Por: P. Jorge Luis Martínez Echeverría
Vicario Episcopal de Pastoral
Diócesis de Santa Marta
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