SALUDO A LAS MADRES

Muy queridas mamás:

Un saludo cariñoso me permito dirigir a todas las madres de familia en su día. Esta vez, contamos con la oportunidad de celebrar este tradicional día del año desligado, en alguna medida, del espíritu comercial con el que nuestra sociedad de consumo promueve esta celebración. Así, será más fácil reconocerles la presencia luminosa que ustedes, queridas mamás, ocupan en el seno de sus hogares, de la sociedad y de la Iglesia.

Al encontrarnos celebrando el tiempo de la Pascua somos convocados a contemplar fascinados en la persona del resucitado la belleza de Dios que en su actuar se distingue por amarnos hasta la entrega de su propia vida en su Hijo.

Dicha belleza que comienza a insinuarse en la creación, nuestra casa común, se refleja especialmente en el ser humano, hombre y mujer, creado a imagen y semejanza suya, e irradia particularmente en la belleza de la mujer que, como madre de familia, ha aceptado generosamente ser santuario de la vida humana, lugar donde nace la vida, espacio donde dicha vida se cuida y se cultiva como un don precioso venido de Dios, imagen viva del amor maternal de Dios.

Con este espíritu, felicito a todas las mamás, invocando de Dios su bendición sobre todas ustedes para que el Señor les enriquezca siempre en la fe, les conserve en la salud espiritual y física, les sostenga en la perseverancia en el amor, les de fortaleza en las adversidades, paciencia en las contrariedades, y tengan la recompensa primera del cariño respetuoso del esposo y de los hijos.

Saludo particularmente a aquellas mamás que se atreven y pueden traspasar la frontera del amor familiar, para servir generosamente a los que viven en la necesidad, al desarrollo de la sociedad, a la construcción espiritual de la Iglesia. Me dirijo especialmente a aquellas mamás que dedican parte de su tiempo a servir en el seno de nuestros grupos de Iglesia y comunidades parroquiales.

Menciono de una manera especialísima a las mamás de los sacerdotes, siendo fieles en ayudar a hacer de sus hogares semillero de vocaciones al sacerdocio por medio de una fe madura, de una entrega abnegada, de un amor a la Iglesia, de la piedad y la devoción, y a la manera de María, han sido generosas en ofrendar a la Iglesia para la obra del Señor al hijo sacerdote y acompañarlo solícitamente.

Saludo a las mamás que, por alguna circunstancia, son incomprendidas, maltratadas, victimizadas por la violencia, heridas en su amor maternal, y pido para ustedes una bendición divina especial.

Recordando a las madres difuntas, pido al Señor para que descansen de sus fatigas en el banquete del amor del Padre como fieles servidoras que se sumaron a la larga lista de mujeres, entre ellas, nuestra madre la Virgen María, que han ocupado un puesto distinguido en la historia de nuestra salvación.

Felicitaciones. Dios las bendiga a todas.

+Luis Adriano Piedrahita Sandoval
Obispo de Santa Marta