Obispo pide confiar en Dios

En la solemnidad de la Divina Misericordia el pasado domingo 19 de abril, el Obispo de Santa Marta, Monseñor Luis Adriano Piedrahita Sandoval, pidió en la homilía de le Eucaristía transmitida por el Facebook live de la Emisora Voces 89.4 F.M. poner la confianza en Dios. Según Monseñor, “es ineludible en estos momentos de pandemia dejar que la luz del Evangelio ilumine nuestros pasos en medio de las penumbras del presente”.

Con amor de padre y pastor, nos pregunta: “¿Podremos acaso desconfiar de la acción providente de Dios al reconocer agradecidos tanta efusión de dones que el Señor en su misericordia nos ha concedido por su muerte y resurrección?”. Esta petición del Obispo viene bien cuando crece la intranquilidad debido al incremento del número personas contagiadas, tanto en Santa Marta como en otros puntos del departamento.

Dicha petición brota del mensaje de la primera lectura de ese día, pues así se cumple la profecía de Isaías: “Miren que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan?” (43,18b). Se trata de una labor que Dios siempre hace: “En esta tierra desolada, nos decía el Papa en alusión a la calamidad que vivimos, el Señor regenera la belleza y hacer renacer la esperanza. Dios jamás abandona a su pueblo, está siempre junto a él, especialmente cuando hay dolor”.

Monseñor Luis Adriano dejó claro que: “estamos llamados a creer sin haber visto, tan solo sustentados en la fe de aquellos testigos calificados, que creyeron en la palabra de los ángeles, y en los signos externos, que lo reconocieron en sus posteriores apariciones, que estuvieron con él viéndolo hacer todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén, haciendo el bien y curando a todos los que estaban bajo el dominio del demonio, que comieron y bebieron con él después de resucitar de entre los muertos”.

Con este mensaje de confianza en Dios, los fieles vivieron este domingo llamado de la Divina Misericordia y reconocieron en el rostro de Cristo el rostro misericordioso de Dios Padre en Pascua, cuando somos llamados a contemplar de una manera especial el rostro glorioso de Cristo resucitado y a dejarnos comunicar de Él su vida pascual, o sea, la novedad de vida que se nos ha participado en el bautismo.