La Didaché, o Doctrina de los doce apóstoles

Valiosa literatura cristiana del siglo I

La Didaché, fue escrita entre el 65 y 80 d.C. y los primeros padres de la iglesia la tuvieron en alta estima.

Se considera que la Didaché o Enseñanza de los Doce Apóstoles es un escrito que pertenece a las primeras producciones literarias cristianas que se dieron. El tiempo la ha respetado y se ha conservado hasta nuestros días.

Se desconoce el autor y el lugar de composición de la Didaché. Algunos estudiosos hablan más bien de un compilador, que habría puesto por escrito algunas enseñanzas de la predicación apostólica. Se sitúa su redacción en suelo sirio o tal vez egipcio.

La Didaché o Doctrina de los doce apóstoles, a la que se hallaban referencias en los autores antiguos, se había dado por perdida hasta que su texto fue hallado en un manuscrito de Constantinopla y publicado en 1883. Inmediatamente se suscitaron vivas polémicas acerca de su carácter y antigüedad.

Su valor principal reside en que nos proporciona datos extra bíblicos sobre las instituciones y la vida de las primeras comunidades cristianas. Lo que pretende la Didaché es codificar las reglas y disposiciones morales, litúrgicas, jurídicas y de otro tipo que se acreditaron como convenientes y necesarias en el momento en que fue escrita. Presenta una orientación exclusivamente «práctica» y, salvo el capítulo 16, deja de lado todo elemento dogmático.

Son escasas las citas del Antiguo Testamento; en cambio el autor habla del «evangelio del Señor», sin especificar a cuál de los sinópticos se refiere y cita veintitrés dichos o sentencias de Jesucristo, diez textualmente y los demás en forma libre. No se encuentra ninguna cita que aluda a hechos históricos de los evangelios. Además, el autor parece desconocer el evangelio de Juan. Las epístolas de San Pablo tampoco se citan formalmente.

Las cuestiones que suscita la Didaché son variadas. Además de su datación, se ha estudiado su relación con otros escritos cristianos como el Evangelio de Mateo o la Epístola de Bernabé. También con oraciones judías como el Kidush, la Amidá o el manual de disciplina de la comunidad esenia de Qumrán.

El interés que despierta no es sólo literario, sino también litúrgico, pues la Didaché contiene las primeras instrucciones conocidas para la celebración del Bautismo y la Eucaristía, así como una de las tres redacciones que han pervivido de la oración del Padre Nuestro. Si se consideran las diversas traducciones de la obra, la dispersión geográfica de los fragmentos encontrados y la lista de obras posteriores que dependen de ella, la Didaché debió ser muy conocida en los primeros siglos.

Al igual que otras obras de la literatura cristiana, estuvo mucho tiempo cerca del canon bíblico, antes de ser finalmente descartada. Actualmente se la incluye dentro del heterogéneo grupo de los llamados Padres apostólicos, de los cuales puede ser el escrito más antiguo y, sin lugar a dudas, el más importante.

Se respira en su contenido la vida de la primitiva cristiandad. A través de formulaciones claras, asequibles tanto a mentes cultas como a inteligencias menos ilustradas, se enumeran normas morales, litúrgicas y disciplinares que han de guiar la conducta, la oración, la vida de los cristianos. Se trata de un documento catequético, breve, destinado probablemente a dar la primera instrucción a los neófitos o a los catecúmenos.

En este libro se distinguen cuatro partes:

La primera, de contenido catequético-moral, está basada en la enseñanza de los dos caminos que se le presentan al hombre: el que conduce a la vida y el que lleva a la muerte eterna.

La segunda parte, de carácter litúrgico, trata del modo de administrar el Bautismo—puerta de los demás sacramentos—, del ayuno y la oración—muy practicados por los primeros cristianos—y de la celebración de la Eucaristía.

La tercera parte trata de la disciplina de la comunidad cristiana y de algunas funciones eclesiásticas. Se explica también, sintéticamente, el modo de celebrar el día del Señor (nuestro actual domingo), y se alude—entre otras—a dos costumbres que manifiestan la finura de caridad que practicaban nuestros primeros hermanos en la fe: la hospitalidad—con advertencias ante los abusos de quienes buscaban vivir a costa de los demás—y la corrección fraterna.

La última sección comienza parafraseando la exhortación de Jesús a vivir vigilantes, a prepararse para la hora en la que el Señor viene. Esta parte acaba con una síntesis de las principales enseñanzas escatológicas pronunciadas por el Maestro.

El conjunto está formado por varias instrucciones de tipo moral, litúrgico y disciplinar, tal vez para uso de evangelizadores itinerantes. Su particular interés está en que nos da a conocer las formas más primitivas de catequesis moral, con reconocida influencia judía, y los elementos más antiguos de la liturgia bautismal y eucarística, así como la organización eclesiástica en el momento en que, junto a los predicadores itinerantes y carismáticos, empieza a surgir una jerarquía estable y una organización en las Iglesias locales.

Para los más interesados aquí está el texto completo, que es breve y se divide en 16 capítulos.