Nombre

Para los israelitas no sólo sirve para distinguir una persona de otra. En cierto modo describe lo que la persona es y hace; se identifica con ella (Jn 12, 28). Dar nombre a alguien o cambiárselo significa tener autoridad sobre él. Cuando Dios le cambia el nombre a alguien, le da un nuevo proyecto de vida, un nuevo ser. Por eso, no se puede “nombrar” a Dios. En vez de pronunciar el nombre divino, se usan expresiones como SEÑOR, el Nombre, el Cielo; o, en el NT, se usa la voz pasiva del verbo: los afligidos serán consolados = Dios los consolará (otros ejemplos en Mt 3, 10; 6, 33; 7, 1s; 10, 30; Mc 2, 5). Invocar el nombre de Dios sobre alguien quiere decir invocar la protección de Dios sobre él. Hacer algo en nombre de Dios es hacerlo en profunda unión con Dios. A lo largo del AT Dios recibe diversos nombres: —o- YAVE, El (Elohim), el Bendito, el Poderoso.