El día de la Inmaculada serán beatificados en Orán 19 mártires de Argelia

ENTRE ELLOS LOS 7 MONJES TRAPENSES DE TIBHIRINE

El próximo sábado 8 de diciembre será beatificado monseñor Pierre Claverie, obispo de Orán, y 18 religiosos y religiosas, todos ellos asesinados por odio a la fe entre los años 1993 y 1996 en Argelia.

El pasado 27 de enero, el Papa Francisco firmó los decretos que reconocían el martirio de Mons. Pierre Claverie, de los 7 monjes de Tibhirine y los otros 10 mártires que dieron su vida por odio a la fe en Argelia entre los años 1993 y 1996. La Iglesia ha elegido llamar a esta causa «Beatificación de Mons. Pierre Claverie y sus 18 compañeros».

El Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, Cardenal Giovanni Angelo Becciu, será el enviado especial del Papa en la beatificación en Orán, Argelia, de los mártires Mons. Pierre Claverie y de 18 compañeros, entre los que están los monjes de Tibhirine.

Monseñor Pierre Claverie

La ceremonia de beatificación tendrá lugar el próximo sábado 8 de diciembre, precisamente en el Santuario de la Virgen de Santa Cruz, en Oran, porque Mons. Pierre Claverie, dominico, fue obispo de la diócesis de Orán desde el año 1981 hasta su asesinato con una bomba el 1 de agosto de 1996 por parte de terroristas islámicos a la entrada del Obispado.

Nació en Argelia en 1938, durante la dominación francesa del país. Allí vivió su infancia y adolescencia, hasta que se trasladó a Europa para formarse como dominico. Al regresar a Argelia, y tras ejercer diversas funciones en la Orden de Predicadores, fue nombrado Obispo de Orán en 1981.

Gran conocedor de la religión islámica, durante su ministerio se esforzó por promover el diálogo interreligioso entre católicos y musulmanes, así como la convivencia pacífica y las obras de caridad. Tras el estallido de la guerra civil argelina en 1991, se esforzó por lograr la paz y terminar con las matanzas y la violencia.

El obispo fue asesinado el 1 de agosto de 1996 por una bomba que explotó en el momento en que abría la puerta del garaje del obispado. Se encontraba con su joven chofer y amigo Mohamed Bouchikhi que murió al mismo tiempo que él. En una pequeña tarjeta, Mohamed había escrito que merecía la pena correr riesgos por ayudar a un hombre como el obispo. Él sabía que mons. Claverie predicaba verdades fuertes y podía sufrir por ello.

Secuestro y martirio de los trapenses de Tibhirine

Los grupos terroristas islamistas habían emprendido una campaña contra los extranjeros residentes en el país, especialmente contra los de nacionalidad francesa, y los lugares cristianos fueron uno de sus principales objetivos.

Entre marzo y mayo de 1996 tuvo lugar el secuestro y martirio de los siete monjes trapenses del monasterio de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine. Ese suceso fue uno de los más sangrientos de la guerra civil argelina y causó gran conmoción en toda Europa, especialmente en Francia, de donde eran originarios los monjes.

Aunque el peligro era enorme, los monjes trapenses del monasterio de Tibhirine decidieron quedarse debido al fuerte vínculo que tenían con la población local, a la que ofrecían un servicio médico fundamental.

En la noche del 26 al 27 de marzo de 1996, terroristas del Grupo Islámico Armado (GIA) asaltaron el monasterio y secuestraron a 7 de los 9 monjes que había en ese momento. Las negociaciones de los gobierno argelino y francés con los terroristas no dieron ningún resultado. El 21 de mayo de 1996 los terroristas anunciaron que habían decapitado a los siete monjes. Sus cabezas aparecieron el 30 de mayo, pero sus cuerpos no se encontraron nunca.

Las Misioneras Agustinas españolas

Esther Paniagua y Caridad Álvarez, misioneras Agustinas españolas fueron asesinadas la tarde del Domund de 1994, 23 de octubre, en Argel. En un desayuno informativo la congregación de las Agustinas Misioneras ha recordado el martirio de las dos agustinas misioneras españolas, Esther Paniagua y Caridad Álvarez, y ha dado los detalles de la beatificación.

El que era embajador de España ante Argelia, Javier Jiménez-Ugarte, embajador de España ante Argelia de 1994 a 1997, reconoció el valor de las misioneras, «el mérito de que no cerráramos la embajada fue de las religiosas misioneras, únicas españolas que decidieron quedarse en Argelia».

«España dio una lección en Argelia, porque fue de las pocas embajadas que no cerraron, fuimos un caso único», afirmó Javier Jiménez-Ugarte, «el mérito lo tienen en gran parte las religiosas españolas, que decidieron quedarse a pesar de todo. Si las hermanas se hubieran ido, yo, el embajador, habría ordenado cerrar la embajada».

Según ha explicado, las empresas se habían marchado, y como españoles solo quedaban las religiosas y el cuerpo diplomático. «El mérito de que España fuera un ejemplo es, en gran parte, de ellas».

Jiménez-Ugarte conoció a las Agustinas misioneras y su decisión de no abandonar la misión, y trabajó para que guardaran medidas de seguridad. «En mi vida profesional no he olvidado algo así, y por eso estoy aquí», ha afirmado Jiménez-Ugarte. Según ha explicado, por la mañana fue a ver a Esther al hospital, y se quedó muy impresionado del trabajo tan duro que las hermanas llevaban a cabo, con los niños abandonados y discapacitados. Discutió con ella las medidas de seguridad, y se ofreció a llevarlas a casa. Según ha comentado, las hermanas eran muy queridas por todos, y enormemente valoradas por el médico jefe, que era musulmán. «Fue muy impresionante estar con Esther por la mañana en el hospital, y por la tarde verla en la morgue».

En cuanto al proceso de la beatificación, Jiménez-Ugarte ha afirmado haber formado parte de los testigos de su causa ante el Vaticano. «Es un capítulo muy importante para la historia de la Iglesia, y también para el yihadismo, ya que la violencia islamista comenzó en Argelia».

María Jesús Rodríguez era provincial de las comunidades en Argelia, en la década de los 90, cuando todos los extranjeros, especialmente los religiosos, fueron amenazados de muerte. Como tal, viajó al país a acompañar a las hermanas en un proceso de discernimiento, en el que debían decidir con absoluta libertad si querían quedarse en Argelia, o regresar a España o a cualquier otro país de misión.

«El discernimiento se basó en dos preguntas: ¿qué quiere Dios de nosotras?; ¿qué necesidades tiene el pueblo argelino?». Según ha explicado Rodríguez, todas las hermanas agustinas misioneras en Argelia decidieron quedarse, de una forma individual y libre. Entre ellas estaban Esther y Caridad, que a los pocos días serían asesinadas por ello. «De su fidelidad yo soy testigo. Las vi muy felices después de tomar la decisión».

«Aquel 23 de octubre, decidimos ir a Misa, y seguimos las instrucciones de la embajada de no ir en grupos, sino solo de dos en dos. Esther y Caridad salieron primero, y diez minutos después salimos Lourdes Miguélez y yo. En la calle escuchamos unos disparos, y los vecinos nos decían: hermanas, volved a casa».

Maria Jesús Rodríguez ha recordado cómo vieron a los minutos a Ester y Caridad en un charco de sangre, a punto de fallecer. «En esos momentos me acordé de el discernimiento que habíamos hecho hacía solo unos días. Asumimos que aquello que firmamos tenía un precio». El resto de la historia se desarrolló con la ayuda de la Embajada de España y de los Padres Blancos, que ayudaron en la repatriación de los cuerpos y en el entierro de Esther y Caridad. Las misioneras en Argel, compañeras de Esther y Caridad, decidieron permanecer en el país a pesar del asesinato de las hermanas, de forma que la obra misionera de las agustinas continúa en la actualidad.

Fundadas en 1890, las Agustinas Misioneras cuentan en la actualidad con 500 hermanas y tienen presencia en 16 países del mundo.

Los nombres de los diecinueve beatos mártires

Los nuevos beatos son Monseñor Pierre Claverie, de la Orden de Predicadores; el hermano Henri Vergès, de los Hermanos Maristas; la hermana Paul-Hélène Saint-Raymond, de las Pequeñas Hermanas de la Asunción; las hermanas Esther Paniagua y Caridad Álvarez, de las Agustinas Misioneras; los padres Jean Chevillard, Alain Dieulangard, Charles Deckers y Christian Chessel, de los Padres Blancoa; las hermanas Angèle-Marie Littlejohn y Bibiane Leclercq, de las Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles; la hermana Odette Prévost, de las Pequeñas Hermanas del Sagrado Corazón; y los siete monjes trapenses del Monasterio de Tibhirine, abad Christian de Chergé, padres Christophe Lebreton, Bruno Lemarchand y Célestin Ringeard y los hermanos Luc Dochier, Michel Fleury y Paul Favre-Miville

(Con información de agencias y de OMP)