¡QUÉDATE EN CASA! – Lectio Divina 24 de Marzo

¡Quédate en casa! Monseñor Luis Adriano, los sacerdotes y agentes de pastoral vamos a tu hogar a través de la Emisora Voces y de la página web. Estamos contigo por medio de las Eucaristías, rosarios, subsidios pastorales y desde la oración que hacemos para aceptar con humildad y obediencia la cuarentena.

Medita y aplica a tu vida el Evangelio de hoy:

San Juan 5:1 – 3, 5 – 16:

Pasado algún tiempo, celebraban los judíos una fiesta, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de los Rebaños, una piscina llamada en hebreo Betesda, con cinco soportales. Yacía en ellos una multitud de enfermos, ciegos, cojos y lisiados, que aguardaban a que se removiese el agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús lo vio acostado y, sabiendo que llevaba así mucho tiempo, le dice: ¿»Quieres sanarte»? Le contestó el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando yo voy, otro se ha metido antes». Le dice Jesús: «Levántate, toma tu camilla y camina». Al punto se sanó aquel hombre, tomó su camilla y echó a andar. Pero aquel día era sábado; por lo cual los judíos dijeron al que se había sanado: «Hoy es sábado, no puedes transportar tu camilla». Les contestó: «El que me sanó me dijo que tomara mi camilla y caminara». Le preguntaron: ¿»Quién te dijo que tomaras tu camilla y caminaras»? El hombre sanado no sabía quién era, porque Jesús se había retirado de aquel lugar tan concurrido. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: «Mira que te has sanado. No vuelvas a pecar, no te vaya a suceder algo peor». El hombre fue y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por ese motivo perseguían los judíos a Jesús, por hacer tales cosas en sábado.

Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión personal y familiar

-¿Qué dice el texto?
-¿Qué me enseña el texto?
-¿Cómo aplico este texto en mi vida a partir de la realidad que vive el mundo?
-Repito muchas veces: «Levántate, toma tu camilla y camina».

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén.

Hago una oración con mis propias palabras…

Termino con el Padre nuestro, el Ave maría y luego en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.